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Colaborador invitado

Desde la ventana de mi oficina en La Casa del Viaje, a media tarde veo el Airbus de Air France regresar de París; imagino a sus pasajeros llegando a México con las maletas hinchadas de compras y la bolsa del Duty Free con perfumes de última hora y quizá unos quesos esperando no ser detectados por el perro en la aduana. Pero más importante es el equipaje vivencial, los recuerdos de sabores, sonidos, luces y sombras coleccionadas por los viajeros cada día durante el viaje.

Las agencias juegan un papel importante en el ecosistema de la industria turística: conectando a los viajeros con los mejores servicios de viajes para satisfacer sus necesidades. Sin embargo, al ser un nexo entre viajeros y proveedores, estas corren un particular riesgo de recibir notas de débito costosas (tanto de dinero como de tiempo), que se generan cuando hay problemas en las transacciones con las aerolíneas.

Está clara una fuerte inclinación hacia el comercio online de venta de viajes y la compra de estos mediante aplicaciones y agencias virtuales. Incluso, muchas empresas de renombre han tenido éxito aprovechando o impulsando esta tendencia. Frente a ello, parecería que la intermediación tiene poco futuro; sin embargo, en muchos foros se habla también de la creciente demanda de viajes más sofisticados, nuevos nichos, más destinos y el valor del asesoramiento profesional para cubrir las expectativas de clientes mucho más informados.

En esta época de vaivenes políticos y desamores institucionales, cabe preguntar qué papel debe jugar el turismo en la previsible política pública del gobierno federal entrante. Si revisamos las tendencias mundiales de los destinos turísticos de vanguardia, podemos observar que invariablemente los más competitivos incorporan, como eje rector, estrategias promotoras e incluyentes.