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Colaborador invitado

Es por todos conocido que la industria de viajes de placer, aunque no nació con la llegada del avión, sí comenzó con un crecimiento gradual, el cual se volvió explosivo con la llegada del B747, lanzado por Boeing en 1970. La tecnología ha estado relacionada con los viajes desde tiempos inmemoriales, no sólo permitiendo el comercio si no haciéndolo más cómodo, seguro y eficiente a cada momento. Pero actualmente, los cambios los vemos cada vez más profundos y frecuentes.

Hay escenas de la industria aeronáutica que nunca dejarán de conmoverme. Por ejemplo, ver a una familia en el aeropuerto de la Ciudad de México esperando la llegada de un ser querido, un ejecutivo con su maleta y portafolio saliendo a toda prisa hacia esa importante reunión o a esas grandes mujeres y hombres trabajando detrás de los mostradores, de salas de abordaje o realizando labores intensas en la rampa sin perder de vista la seguridad de todas y cada una de las personas que colaboran en la operación de un vuelo… Definitivamente, me llenan el alma y de forma muy especial aprecio su esfuerzo, porque cada uno de ellos contirbuye para lograr que los vuelos salgan a tiempo.

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Entre los diferentes participantes de la cadena de valor de la industria turística, las aerolíneas hemos sido siempre impulsores fundamentales de esta actividad que genera desarrollo económico y social. Una de las regiones que más ha evolucionado en los últimos años en términos de conectividad aérea ha sido Latinoamérica. Con su mosaico multicultural, gastronómico, ecológico y sin duda, su pujanza corporativa, reclama su lugar en nuestra industria como una opción de alto valor para cualquier tipo de viajero que nos motive a buscar nuevas experiencias, cada vez más, hacia el Sur de nuestro continente.

Sí, en serio, la economía está bien, bastante bien. Y dejo en claro que no soy economista, financiero ni administrador de empresas, por lo menos no tengo un documento de universidad que me acredite como tal. Mi licenciatura es muy alejada de las carreras del ramo administrativo y económico, y cierto es que, por si fuera poco, soy bastante malo con los números. Pero hay un indicador que me señala que la economía está bien, esto sin tener que acudir a las conclusiones de analistas y expertos de Wall Street, e incluso sin ver la sección financiera y de negocios de cualquier periódico.