Segundo aire, por Alethia M. García Viana

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Desde hace poco más de 10 años emprendí un viaje que ha cambiado mi vida. No es lo que están esperando; no involucra maleta, avión o pasaporte, pero es de las más gratificantes travesías que he hecho: me volví más positiva. No me pregunten por qué ni cómo, simplemente empecé a verle el lado bueno a las cosas. Además de tener mucho mejor humor que antes (lo que ya era ganancia), comencé a interesarme por temas del comportamiento, la mente, la espiritualidad… por cómo estar en paz, apreciar la vida y todo lo que conlleva, a no guardar rencores, no pensar en el “hubiera” sino en el hoy, en cómo ser mejor persona…

Un año atrás, este viaje me puso en el camino de la psicología positiva cuando estudié una maestría en Liderazgo Positivo. Para no extenderme en el asunto, mientras la psicología tradicional se enfoca en los padecimientos y en investigar lo que está mal en la mente humana para resolverlo, la otra se focaliza en lo que está bien y en analizar lo que hace que un individuo o sociedad “florezca” para poder repetirlo.

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Traigo el tema a la mesa porque, a siete meses de haber iniciado una de las peores crisis en la historia del turismo, me parece que es oportuno detenernos a reflexionar qué nos ha salido bien al enfrentar esta situación y qué hemos aprendido hasta ahora para entonces poder replicarlo. Ya pasamos medio año resistiendo y es normal sentir desánimo pues, aunque ya se están reactivando muchas actividades, todavía falta para que podamos hablar de una franca recuperación.

Meditar sobre los aciertos y aprendizajes puede ser energía buena que agreguemos a nuestro motor y nos dé ánimo para seguir adelante. Es difícil, lo sé. Estamos preocupados por salvar el negocio, ganar dinero, conservar a los colaboradores, pagar cuentas… y es natural. Sin embargo, los problemas a los que nos enfrentamos en general cobran más sentido si aprendemos de ellos, si los vemos como oportunidades para reinventarnos y crecer.

Aquí un par de mis observaciones sobre qué hemos hecho bien hasta hoy y qué hemos aprendido como industria.

No dar las cosas por sentado.

Todo puede cambiar de un instante a otro. Todo. Siempre. No importa lo seguros que nos sintamos, qué tan bien vaya nuestro negocio o la creciente cantidad de viajeros que recibamos. Así que es buen momento para pensar al respecto y hacer un ejercicio de humildad y gratitud. Con esta crisis no solo cambió el día a día, los destinos también, así como la logística en medios de transporte. ¡Ni qué decir de las personas! Hay que seguir cercanos a ellos para conocer sus nuevas motivaciones, comportamientos y reacciones, y reconfigurarnos para ofrecerles lo que necesitan y desean.

Ser solidarios y corresponsables.

Esta pandemia nos ha recordado que lo que hacemos tiene consecuencias en los demás y viceversa. Y no solo en el caso de la transmisión de una enfermedad. Hoy más que nunca, ha quedado de manifiesto la importancia de la cadena de valor de esta actividad y la responsabilidad que tenemos de sacarla adelante. No es solo la experiencia que vendo hoy y la comisión que me llevo, es asegurar que los proveedores turísticos involucrados estén en las condiciones idóneas para cumplir con protocolos y expectativas. Y si no lo están, ayudar a que así sea pues los beneficios y la buena imagen que dejarán en los clientes serán para todos.

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Despertar nuestra curiosidad, creatividad e iniciativa.

Quedarse sentado a ver si las cosas progresan o regresan al estado en el que estaban por arte de magia nunca es buena idea. Afortunadamente, después de quizá un mes de negación y desesperación, me dio gusto ver que esta industria empezaba a adaptarse y fluir: webinars para capacitar agentes, podcasts para seguir inspirando a la gente, eventos por internet, clases de cocina a distancia, recorridos virtuales de destinos y hoteles, tiendas y cobros en línea, campañas de recuperación del sector gastronómico en redes sociales, etcétera.

El uso que le hemos dado a la tecnología ha llegado a donde probablemente estaría en tres o cuatro años si no hubiera habido pandemia. ¡Y le estamos encontrando el gusto! Ya pasamos de la necesidad a la comodidad, y a un aprovechamiento eficaz de recursos, sin dejar de lado la parte humana. No fue y no está siendo fácil, pero pelear y enojarse tampoco ayuda.

Los invito a llevar a cabo este ejercicio en lo individual, de la forma más honesta posible y sin juzgarse. Estoy segura que hacemos lo mejor que podemos con lo que está en nuestras manos. Y con esa certeza, no bajemos la guardia y usemos esta reflexión como un segundo aire.

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Alethia M. García Viana
Es socia directora de PR Central.

Empresa de comunicación, marketing y relaciones públicas que fundó en enero del 2014.

Con formación en el Tec de Monterrey, obtuvo la licenciatura en Mercadotecnia. Posee un máster en Liderazgo Positivo.

Tiene una larga y exitosa carrera. Antes de crear su propia compañía estuvo en connotadas empresas.

Es una mujer de gran talento. Cuenta orgullosamente con ese poder femenino distintivo y diferenciador.

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