TOP

Cada viaje un reencuentro contigo mism@: Nuevos lugares y experiencias, una nueva versión de ti

por Rocío Bolívar, Gerente de Relaciones Públicas en CWW México

Desde pequeña soy publirrelacionista de corazón, me encanta crear conexiones, contar historias, descubrir lugares extraordinarios y acercar a las personas a experiencias que disfruten. Al mismo tiempo, hay otra parte de mí que busca el silencio, la introspección y momentos que alimentan el alma. El mundo espiritual ha sido, desde hace años, un camino paralelo que me recuerda la importancia de vivir con intención, gratitud y conciencia.

Durante mucho tiempo pensé que estas dos facetas pertenecían a universos distintos, sin embargo, Houston me demostró lo contrario. En una ciudad donde convergen culturas, tradiciones y formas de ver el planeta, he encontrado el espacio perfecto para unir mi pasión profesional con mi camino espiritual. Me he encontrado con historias fascinantes para compartir, y también con lugares que me invitan a detenerme, respirar y reconectar conmigo misma.

Nunca imaginé que me emocionaría tanto la llegada de la temporada de Rodeo, ¡el mejor y más grande del mundo! Hoy disfruto enormemente buscar el sombrero texano perfecto y las botas ideales, sumergirme en una tradición que representa la esencia del espíritu de Texas. Ver a las elegantes mujeres cowgirls desfilar con una destreza admirable, observar la precisión de los vaqueros lanzando el lazo y sentir la energía que envuelve cada competencia me ha permitido entender que el Rodeo es mucho más que un espectáculo: es una expresión de identidad, historia y orgullo que se transmite de generación en generación. Esa sensación me recuerda la capacidad que tenemos los seres humanos de sorprendernos y emocionarnos.

Y esa misma emoción la he vivido en los estadios, donde descubrí que el deporte es una de las formas más auténticas de entender el alma de Houston. Asistir a un partido de béisbol, es una de mis experiencias favoritas: caminar entre aficionados vestidos con los colores de Los Astros de Houston, escuchar el inconfundible sonido del bate al conectar la pelota y fundirme con la celebración del estadio cuando estalla tras un home run.

El béisbol enamora por su tradición, pero el fútbol americano cautiva por la intensidad y adrenalina que comienza desde el ambiente festivo de los tailgates, antes de iniciar el juego, hasta la energía que se apodera del estadio cuando el equipo salta al campo entre luces, música y ovaciones. ¡Y qué decir de las porristas! Viven cada jugada con gran ritmo y entusiasmo.

No todo es ruido, luces y adrenalina, Houston también me ha sorprendido desde un lugar mucho más íntimo. Entre sus museos y espacios culturales encontré vivencias que invitan a la contemplación y al silencio. Permanecer frente a las pinturas de la Capilla Rothko y sentir esa profunda invitación a la unidad humana en un espacio donde desaparecen las diferencias de religión, nacionalidad o raza para dar paso a una filosofía de paz y reflexión; dejar que las vibraciones de una sesión de sanación con cuencos en la Cisterna recorran mi cuerpo; o admirar la majestuosidad del templo BAPS Shri Swaminarayan han sido momentos que me recordaron que viajar puede ser una forma de regresar a uno mismo.

Hay un descubrimiento que jamás habría anticipado… el de mi propio paladar. Houston, una de las ciudades más diversas del mundo, me abrió la puerta a sabores que hoy forman parte de mis favoritos. Me enamoré de la cocina española, aprendí a apreciar la complejidad de las especias de la gastronomía india y comprendí que cada platillo cuenta la historia de quien lo prepara. Gracias a chefs provenientes de más de 72 regiones del globo, la metrópoli se ha convertido en un escenario donde las culturas dialogan a través de la comida, haciendo posible recorrer el planeta.

Con el tiempo he comprendido que viajar no consiste únicamente en conocer nuevos lugares, sino en descubrir versiones de nosotros mismos que permanecían dormidas. A veces aparecen al contemplar una obra de arte en silencio; como me ha pasado varias veces en el Museum of Fine Arts Houston, donde he tenido oportunidad de ver desde obras de Monet, Van Gogh y Frida, hasta experimentar la instalación de Yayoi Kusama, Infinity Room revestido de espejos, donde las luces se encienden, apagan y multiplican hasta parecer infinitas, dando la sensación de cruzar un portal que conecta con el universo. Otras tantas al emocionarnos con un rodeo, vibrar con un estadio lleno, o probar un sabor que nunca imaginamos disfrutar. Cada experiencia amplía nuestra mirada y nos recuerda que siempre hay espacio para seguir creciendo.

Y quizá ese sea el mejor regalo que puede ofrecer un viaje: regresar siendo la misma persona, pero con una mirada más amplia, un corazón más abierto y la certeza de que cada destino también nos transforma por dentro. Al final, los mejores viajes no solo cambian el lugar donde estamos; cambian la persona que somos. Y cuando eso sucede, cada regreso se convierte en un nuevo reencuentro con nosotros mismos.

Rocío Bolívar

Es gerente de Relaciones Públicas en CWW México, cuenta con más de 30 años de experiencia en la industria de la hospitalidad, el turismo y las relaciones públicas. Y sí, es una de las mujeres más experimentadas y con gran trayectoria en las relaciones públicas. Egresada de la Licenciatura en Administración Hotelera por la Universidad Iberoamericana, se define como hotelera, publirrelacionista y viajera de corazón, una combinación que ha marcado su carrera profesional y su pasión por construir conexiones estratégicas entre marcas, destinos y medios de comunicación. Ha fortalecido su perfil con un Diplomado en Mercadotecnia Estratégica, así como con una Certificación en Semiología de la Vida Cotidiana, formación que le ha permitido desarrollar una visión integral del comportamiento humano, la comunicación y el posicionamiento de marcas.