
Slow travel: destinos en México y Europa para viajar sin prisas
El slow travel se consolidó desde el 2025 como una de las formas de viajar más buscadas y sigue como apuesta para el 2026. Esta tendencia propone cambiar el ritmo, permanecer más tiempo en un solo lugar y conocerlo desde la vida diaria. El objetivo no es acumular destinos, sino comprender el entorno, convivir con la comunidad local y disfrutar el tiempo sin presión.
En México, existen destinos que se adaptan de forma natural a este estilo. Valle de Bravo, en el Estado de México, invita a caminar por sus calles empedradas, recorrer el lago sin horarios estrictos y disfrutar de mercados, talleres artesanales y espacios naturales. La cercanía con la Ciudad de México permite estancias largas sin prisas, ideales para quienes buscan desconexión sin viajar lejos.
Todos Santos, en Baja California Sur, es otro ejemplo de slow travel. Este Pueblo Mágico combina playas tranquilas, galerías, cafés y una comunidad creativa que privilegia el ritmo pausado. Aquí, los días transcurren entre caminatas al atardecer, cocina local y actividades al aire libre que no requieren itinerarios cerrados.
Slow Travel en Europa
En el sur de Europa, el slow travel encuentra escenarios perfectos. Sicilia y el sur de Italia destacan por su gastronomía regional, pueblos pequeños y tradiciones que se viven a diario. Permanecer varios días en un mismo sitio permite conocer mercados, probar recetas locales y recorrer calles históricas sin urgencia.
El Algarve, en Portugal, ofrece una experiencia costera enfocada en la calma. Sus pueblos, playas y rutas a pie permiten explorar el paisaje sin concentrarse en puntos turísticos específicos. Provenza, en Francia, propone una forma similar de viajar, con estancias prolongadas entre viñedos, campos abiertos y pequeños mercados que marcan el ritmo cotidiano.
En España, Lanzarote se distingue por su paisaje volcánico y su apuesta por la conservación. Aquí, el tiempo se adapta al entorno natural, con recorridos lentos y una oferta cultural integrada al paisaje. La Costa Dálmata, en Croacia, también favorece este estilo gracias a sus pueblos costeros, trayectos cortos y una vida local ligada al mar.
Algunas ciudades se integran al slow travel cuando se viven con otra mirada. Lisboa y Florencia permiten una experiencia pausada si se priorizan barrios locales, recorridos a pie y estancias largas.
Viajar bajo este concepto reduce el estrés, crea vínculos reales y comprende cada punto desde su cotidianidad. No se trata de ver más lugares, sino de vivir mejor cada experiencia.


