
Naturaleza: el verdadero lujo del mundo
por José Manuel Reyna, Director Comercial BGRT
A lo largo de mi trabajo he tenido el privilegio de conectar con marcas y experiencias que han transformado mi manera de entender los viajes y, en muchos sentidos, mi forma de ver el mundo. Trabajar de cerca con proyectos como Delfin Amazon Cruises y Australis me ha recordado que el verdadero lujo no siempre está en lo visible, sino en aquello que permanece intacto: la naturaleza en su estado más puro, los territorios remotos y la capacidad que tienen estos lugares de transformarnos sin pedir nada a cambio.
Con el tiempo entendí que no se trata solo de llevar viajeros a destinos extraordinarios, sino de acompañarlos a vivir aventuras que los conecten con algo más profundo, más esencial y más humano.
En un mundo donde casi todo es inmediato, accesible y replicable, donde las ciudades, las atracciones y las edificaciones comienzan la parecerse unas a otras, la naturaleza intacta se ha convertido en uno de los bienes más escasos y valiosos del planeta.
Viajar hoy ya no se trata solo de cambiar de lugar. Se trata de volver a conectar con la tierra, con el silencio, con nuestra verdadera dimensión como seres humanos y, en muchos casos, con la belleza de la creación en su estado más puro.
Existen destinos que no buscan impresionar con artificios, sino conmover desde lo esencial. Zonas donde el paisaje no se consume, se contempla. Donde cada paso, cada mirada y cada sonido tienen un peso distinto.
La selva amazónica y los confines del sur del continente americano son dos de esos escenarios extraordinarios, reservados para quienes entienden que el verdadero privilegio es simplemente estar ahí: escuchar la naturaleza, sentir el viento en el rostro y respirar un aire tan puro que parece llenar algo más que solo los pulmones.
El Amazonas: ¿qué sucede cuando la selva te transforma?
Adentrarse en el Amazonas no es solo un viaje geográfico; es uno más interior. La selva impone su propio ritmo, lento, profundo y orgánico. Aquí no hay prisa. Hay vida en cada hoja, en cada río y en cada sonido que emerge al amanecer y se apaga con la llegada de la noche.
Asombra mirar el cielo durante un atardecer interminable, una noche llena de estrellas o navegar bajo la lluvia del rainforest, empapado, entendiendo que ahí la naturaleza no se controla: se acepta y se disfruta.
En este entorno único es posible observar más de 14 especies distintas de monos, convivir con el mítico delfín rosado y dejarse sorprender por una biodiversidad que no existe en ningún otro lugar del planeta. Pero el Amazonas no se vive únicamente a través de su fauna; también se siente en la calidez de su gente, en su alegría genuina y en la forma en que te reciben con el corazón abierto, recordándote que la conexión humana sigue siendo parte esencial del viaje.
Cada año, menos de 100 mil viajeros en el mundo viven la experiencia de navegar el Amazonas de forma estructurada y consciente. En un planeta con miles de millones de personas viajando, ese número habla por sí solo. No se trata de exclusividad buscada, sino de algo natural. La selva simplemente no admite multitudes.
Ver despertar la selva, cuando la niebla se eleva lentamente y los sonidos anuncian un nuevo día, o contemplar el atardecer con cielos imposibles reflejados en el río, es comprender que la naturaleza tiene su propio lenguaje. Uno que no se traduce; solo se siente.
Tener esta aventura a bordo de Delfin Amazon Cruises permite hacerlo con una profundidad especial. La intimidad de sus embarcaciones, la calidez auténtica de su tripulación y una gastronomía cuidada bajo el sello Relais & Châteaux crean un equilibrio poco común entre confort y respeto absoluto por el entorno. Más allá del servicio, existe un compromiso genuino con las comunidades locales y con la conservación de la selva, entendiendo que el verdadero lujo también implica responsabilidad.
Y al final, estás ahí. Viviendo la selva desde un navío auténtico, rodeado de maderas nobles, artesanías creadas por manos locales y detalles que cuentan historias silenciosas. Te envuelve la noche entre sábanas de algodón pima peruano, mientras el río sigue su curso y la selva nunca duerme. Escuchas a la tripulación compartir relatos, risas y aventuras que no aparecen en ningún itinerario y, sin darte cuenta, el viaje deja de ser solo un recorrido para convertirse en un encuentro. Sales de esta experiencia con recuerdos profundos, nuevas miradas y, muchas veces, con amigos que seguirán formando parte de tu historia.
La Patagonia y los glaciares: el silencio que habla
En el extremo opuesto del continente, el sur ofrece una vivencia igual de poderosa, pero completamente distinta. Aquí el protagonista no es la abundancia verde, sino el hielo, el viento y el silencio. Glaciares milenarios, fiordos remotos y canales donde la presencia humana es mínima.
Caminar entre pingüinos en Isla Magdalena o contemplar glaciares imponentes como el Cóndor o el Pía es enfrentarse a una naturaleza que no necesita ser explicada. Se impone, se respeta y permanece en la memoria para siempre. El sonido del hielo al quebrarse, la luz reflejada en el agua y la inmensidad del paisaje generan una sensación difícil de describir, cercana a lo espiritual.
Estas zonas reciben apenas unos pocos miles de visitantes al año, cifras insignificantes frente a cualquier destino tradicional. Esa baja afluencia no responde a una estrategia turística, sino a la geografía, al clima y al profundo respeto que estos territorios exigen.
Sentir la emoción de pisar el Cabo de Hornos, conocer a su capitán, observar el monumento al Albatros y entrar a su pequeña iglesia es vivir una experiencia única en uno de los lugares más australes del mundo. Navegar el Pacífico, subir a un zodiac y recordar aquellas historias de escuela sobre Darwin y su paso por la Patagonia nos hace sentir, por un momento, exploradores. Pero lo que realmente permanece es la inmensidad: despertar cada día rodeado de escenarios únicos e irrepetibles.
Explorar estos confines a bordo de Australis significa hacerlo con una exclusividad auténtica. Sus rutas permiten acceder a sitios remotos donde muy pocos llegan, siempre acompañados por guías altamente especializados que interpretan el entorno con conocimiento, sensibilidad y profundo respeto. A bordo, la vivencia se complementa con una cocina basada en sabores tradicionales de Chile y Argentina, pensada para reconfortar después de jornadas intensas en uno de los paisajes más extremos del planeta.
Aquí no hay distracciones. Solo presencia absoluta. Viajar con propósito: cuando el viaje transforma
Estas experiencias nos recuerdan que viajar también puede ser un acto de conciencia. Elegir destinos donde el impacto está controlado, donde la naturaleza marca las reglas y donde el viajero se adapta al entorno, y no al revés, es una forma distinta de entender el turismo.
La selva y los glaciares no se visitan: se respetan. Y quienes tienen la oportunidad de vivirlos regresan distintos, con una mirada más amplia y una sensibilidad renovada.
Porque al final, los viajes más valiosos no son los que se presumen, sino los que se quedan con nosotros para siempre y marcan un rumbo, o incluso un inicio diferente, en nuestra historia.
José Manuel Reyna
Es director Comercial, Background, importante compañía de representaciones. Empresa que posee un gran portafolio de cuentas de renombrado prestigio. Él posee la licenciatura en Psicología, pero desde pequeño ha estado ligado a este sector, lo que le permitió desarrollar una conexión natural con los viajes y el servicio.


