Hora de cambiar

Comparte
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

¿Alguien más ha vivido una montaña rusa de emociones durante toda esta temporada de cuarentena? Lo digo no sólo por el hecho de que un enemigo invisible amenazó a la raza humana… De pronto parece que se apretó un botón de slow motion y ahora sólo estamos en espera o a la expectativa de qué va a suceder.

Primero empezaron las malas noticias con demasiadas luchas perdidas de diferentes países, incluido México. Luego las buenas nuevas de júbilo y regocijo donde encontramos algo que creíamos desaparecido: el amor al prójimo. Las notas conmovedoras inundaron todos los medios y nos sentimos felices porque la esperanza se plasmaba ahí, combatiente, tratando de sacarnos, con todas sus fuerzas, de la obscuridad.

Pero aunado a tener que enfrentar este reto, luego vino a nuestras mentes el pensamiento del cambio, del ajuste, de entender que por ahora tenemos que aprender a convivir con este virus, y que la vida sin duda va a transformarse. Sí… pero no creo que para mal.

Espero que, con esta situación sin precedentes, hayamos descubierto cosas diferentes de uno mismo durante el tiempo de “pausa”; que tuviéramos oportunidad de hacer una verdadera y profunda reflexión sobre nuestras existencias, decisiones y la forma en que compaginamos con otros y que, por fin, valoremos todo aquello que dábamos por sentado, como contar con un trabajo, las desmañanadas para ir a éste, poder salir a la calle, disfrutar los chilaquiles de la esquina, a la familia, los amigos, los cumpleaños rodeados de seres queridos… El estar con otros, esa inmensa libertad que poseíamos y que pocas veces apreciábamos.

Y cuando estábamos en proceso de adaptarnos, de asimilar la idea, a la mitad del camino en este obscuro túnel, sumándose a esta etapa de reajuste, básicamente parece que llueve sobre mojado y casos como el de George Floyd se viralizan. Porque si bien es cierto que siempre han existido, ese es justamente el problema desde mi punto de vista: normalizar las situaciones que están mal es lo que las vuelve comunes, de todos los días y les quita el peso de la problemática que se ha venido generando. Porque hace poco estábamos llamándonos hermanos aunque unos fueran de Italia y otros de España, nos mandábamos mensajes de fortaleza alrededor del mundo. Y de pronto, nos volvemos a separar. ¿Es que no hemos aprendido nada? ¿Todo esto ha sido en vano? ¿Ya no somos hermanos?.

Esta ‘nueva realidad’ a la que nos enfrentamos, más que tratarse de una batalla contra un virus, creo que nos lleva a enfrentarnos con nosotros mismos, como personas, como madre, hija, esposo, hermano, nieto y hasta como raza. ¿De verdad íbamos bien por ese camino? ¿Podríamos decir que estábamos evolucionando? ¿Esto fue un llamado del universo para hacernos ver que en realidad no somos nada comparados con la naturaleza? ¿Tenemos que mejorar?

Las opiniones pueden estar divididas y probablemente no necesitan escuchar la mía, pero lo que sí creo que debe pasar es seguir cuestionándonos si el mundo se encontraba bien o si es hora de cambiar

 


Comparte
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •