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Cómo perder la Visa Americana y NO morir en el Intento

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Y en Turquía

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“Usted no abordará por ningún motivo ese vuelo sin su Visa Americana”, me dijo gritando el empleado de Turkish Airlines. Y furioso golpeó con el puño cerrado, varías veces, el pequeño counter que colocan las aerolíneas para hacer el abordaje de pasajeros, al subir al avión.

Me quedé helada, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo sólo de pensar que me quedaría yo sola en Turquía, sí, Turquía!

No sé en qué momento perdí la Visa, quizá se deslizó de mi Pasaporte mientras estuve comprando sin control más y más cosas en el enorme y hermoso Aeropuerto Internacional Atartuk de Estambul… Por más que busqué desesperada en mi bolso de mano, de mis jeans, de souvenirs, nada, no apareció mi adorada Visa Americana… Sólo el Pasaporte y mi Pase de abordar!

No lo podía creer, pasarme esto a mí? Una loba de mar consumada en viajes? Era insólito!

El hombre turco, empleado de la aerolínea, me hizo sentar en un rincón, mientras con mi pasaporte en mano gritoneaba por todos lados y hablaba por su radio; y escribía en una computadora al mismo tiempo. Sin decirme una sola palabra!

En tanto, vi como uno a uno, los pasajeros del enorme DreamLiner de Turkish Airlines, que volaría rumbo a Los Ángeles, fueron desapareciendo de la sala de abordar hasta que quedó vacía… sin gente, sin ruido… Fue entonces cuando comprendí que yo no abordaría, en efecto, ese avión!

Para entonces el temor total ya se había apoderado de mí. “No, no creo que me dejen pues en todo caso, en Los Ángeles me llevan al “cuartito obscuro”, y ahí me pueden dejar en lo que sale mi vuelo para México”, me animaba a mí misma.

En eso, el hombre turco me pidió ásperamente que lo acompañara, atónita accedí, mientras le pregunté: what will happen to me? Y él sólo respondió: “No English, no English!”… Dos lágrimas furtivas rodaron por mi rostro de desesperación, y el hombre vociferó: “Don’t cry, don’t cry!”… Me tragué, asustada, en un inmediato “gulp” mis lágrimas…

Caminamos sin parar por áreas del Aeropuerto, habló con unas personas de Turkish, quienes pusieron un sello en mi Pase de Abordar, mirándome con compasión y el hombre turco se retiró… sin decir más. Intercambiándome a otro rudo hombre, quien me pidió seguir caminando hasta llegar a una puerta blindada, la abrió con una clave, me pidió salir por ahí y me dijo: “Bye”, cerrando otra vez esa puerta.

Dios, exclamé, y ahora dónde estoy? a lo lejos vi toda el área de los carruseles donde se recoge el equipaje… Era la salida del Aeropuerto!

Hasta entonces comprendí que estaba SOLA en Estambul!!!

Sola en Estambul…

Busqué mi celular, marqué a México, poco me importó que eran las cuatro de la mañana; tres de la tarde de Estambul… y lloré y lloré, explicando mi situación…!

Lloré no de miedo, sino de rabia, impotencia, coraje conmigo misma… En esas estaba cuando un soldado turco de dos metros, perfectamente uniformado portaba una “AK-47”, que para mí, con mi corta estatura, parecía “una bazuca”… (tras los atentados que ha sufrido Turquía y los problemas de terrorismo de todo el mundo, este país está blindado y por todos lados hay soldados y mucha seguridad resguardando no sólo el Aeropuerto, sino todas las áreas más importantes de Estambul).

Él tocó suavemente mi hombro al ver que lloraba, y me preguntó : “Are you ok ma’ am?”… una vez más, tragué mis lágrimas ahora sí de susto, colgué y le sonreí “Todo ok”, le dije… y me alejé de él.

“Los periodistas NO lloramos” me dije a mi misma… sentada en una banca, me sacudí el alma, me reanimé y me dije convencida: “A enfrentar esta situación… soy Biborianita Rambo, yes”!

A lo largo de mi vida creo que he tenido varios héroes… Özer se convirtió, en ese momento, en uno de ellos…

Sí, Özer Türksoy, gerente de Tekser Tourism & Travel Inc., quien fue uno de mis anfitriones de ese viaje de ensueño por Turquía, y que estuvo con el grupo durante más de una semana, mostrándonos el servicio de alto nivel que ofrece su empresa como operador terrestre por estas latitudes. Se encargó en absoluto de mí!

Inmediatamente me consiguió un hotel de ubicación espectacular, muy cerca del afamado y bello Bósforo y envió por mí a un chofer y a Nadir, un guapísimo guía, (y yo que por mi pesar no me había retocado el lipstick, caray!) Quien por un momento me hizo olvidar mis penas… Ambos, me llevaron al hotel.

Recinto que sería mi inolvidable refugio, durante largos días, sí, largos días que pasé sola en Estambul.

Era una tarde de domingo, “hoy no hay nada abierto para poder hacer trámites, mañana muy temprano nos movilizamos, así que, trata ya de relajarte y pasarla bien en Estambul, tu hotel está en una zona muy bohemia plena de restaurantes y tienes la vista del Bósforo… así que pásala bien”, me dijo Özer por teléfono mientras yo miraba hacia el infinito y más allá de mi tímido hotel… “Algún día me reiré de esto, sí algún día, pero hoy no”, pensé.

  Mi equipaje ese día no apareció!

Necesitaba comprarme algunas cosas pues no tenía equipaje, una pijama, un sweater pues hacía frío y sólo me había quedado con mi abrigo, una muda de ropa interior, en fin… así que la chica de Recepción me hizo un mapa a mano, y me dijo que necesariamente tenía que tomar el Funicular de Tünel, una especie de Metro y tan sólo era una estación para llegar al área de tiendas de Estambul… “quéeee? El Metro? “sí porque los taxis luego abusan de los turistas, es mejor que tomes el Funicular de Tünel, es muy cerca”, insistió.

En efecto, en ese momento ya no era más la periodista apapachada por un grupo y mis anfitriones… no, en ese momento era sólo yo, contra el mundo, bueno más bien contra Estambul… y sus misterios!

Además, recordé que Sevda, mi encantadora guía turca, que nos acompañó durante los días que estuvimos en Turquía enseñándonos las bellezas de esta nación, nos subrayaba que “Estambul es una de las ciudades más seguras del mundo, con un porcentaje del 99 por ciento, roban carteras pero muy esporádicamente”, detallaba Sevda siempre.

Al mal paso darle prisa, inicié mi camino temerosa hacia el Funicular de Tünel, y cinco minutos después me encontré con el espectacular Bósforo… que me brindó un paisaje sin igual del muelle, y el puente que divide Asia de Europa, wow… me impacté, temblé y me recuperé, había que seguir para encontrar ese dichoso Metro…

Después de 10 minutos caminando, lo encontré! Pero… oh Dios, cómo se accede? nadie me lo explicó! Pregunté a dos que tres personas y todas me miraban indiferentes y sólo atinaban a decirme “No English, No English”… La máquina para obtener los boletos estaba en turco… tras más de 10 minutos de estar en agonía, un buen hombre, se apiadó de mí… me pasó con su “boarding pass” y me pidió 2 y media liras turcas por ello, a lo cual accedí rápidamente, agradecida…

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Lo logré! Estaba dentro del Funicular de Tünel, con vagones chiquitos, realmente simpáticos, con razón le llaman Funicular… donde convergen enigmáticas mujeres, guapos hombres… de todas las edades que me miraban con curiosidad, y cómo no “Mexican curious”… causa impresión! Me puse muy lista, sólo una estación… llegamos, bajé junto con toda la gente, eso sí en un orden total… No sauna, no tocamientos… intachable!

Caminé… y a sólo tres minutos… fascinación total: la Plaza Taksim (Taksim Meydani) situada en la parte europea de la ciudad, un espectacular distrito, concurrido por casi 3 millones de personas en un domingo, después me enteré. Antiguamente era conocida como Grande Rue de Péra, como el barrio de Pera (Beyoğlu) donde vivían los comerciantes genoveses y venecianos en época bizantina. Localizada en el distrito histórico de este mismo nombre. Una calle peatonal espectacular, aproximadamente tres kilómetros de longitud, que aloja boutiques exquisitas, las típicas tiendas americanas, turcas, tiendas de música, librerías, galerías de arte, cines, teatros, bibliotecas, cafés, pubs, clubes de noche con música viva, pastelerías históricas, chocolaterías, restaurantes. Mimos, hippies tocando instrumentos exóticos, jóvenes bailando música turca y hasta unos peruanos vestidos a la usanza inka tocando la kena, sí, todos haciendo graciosadas por unas monedas…

“Esto es lo mío”, pensé, e inmediatamente me sumergí en ese ir y venir, y me mezclé. Una más, caminando sobre esa mágica calle de singular arquitectura muy turca, que se extiende desde el barrio medieval genovés alrededor de la Torre de Gálata hasta la extraordinaria Plaza de Taksim.

“Después de todo, la vida es bella”, me dije, deleitándome con ese soberbio momento… Olvidando por completo todo lo que me pasó. A señas con los turcos, compré, probé y bebí de todo…

De pronto, asustada, percibí que ya era la entrada la noche, debía regresar a mi hotel… la misma cantaleta: “Ahora quién me ayudará para conseguir un pase para el metro… Rayos!” Ooootra vez, tras 10 minutos de preguntar, un policía me ayudó a obtener un pase por tres días por 10 liras turcas… fácil!

Al día siguiente muy temprano, mi héroe me envió un chofer y a mi adorada Sevdá, mi guía favorita que hablaba un excelente español, me acompañó a la Embajada Americana en Estambul, así como al Consulado Mexicano y nada, no logramos nada…

Más tarde, una buena noticia: Mi equipaje apareció; corrimos por él al Aeropuerto, esta vez con Samuel, otro guía.

La única forma de “salir” de Estambul fue por Europa, porque los mexicanos no necesitamos Visa para entrar a Europa… yujuuuu! Özer lo logró, mi regreso fue Estambul-Frankfurt; Frankfurt-México…

Ahora ya puedo reír de esta aventura, antes no!

Me quedé un día más en Estambul, en lo que me hacían los trámites, la pasé genial… Otra vez fui a la Plaza de Taksim, recorrí lugares como el Museo de Arte Moderno, (Istanbul Modern), donde están todos los artistas relevantes turcos, comí muchas veces el maravilloso döner kebab y los postres de ensueño, baklava y börek… bebí mucho té turco (çay) y raki, me maravillé de sus tradiciones, de su magia… Y hasta me acostumbré y me estremecía cada vez con sus cantos islámicos que un “pregonero” reza por las bocinas, como en toda ciudad musulmana, cinco veces al día… Creo que hasta los extrañé!

Después de lo que percibí al principio sería una tragedia, se convirtió en una experiencia maravillosa, única, y de la cual aún me conmuevo por tantas emociones que viví… !!!

Así que si pierden, alguna vez, su visa… no se preocupen, no morirán, no!

Ah y les cuento, después de dos largos meses…
#YaNoSoyUnaIndocumentada

@Biboriana